Liturgia de las Horas

Completas — oración de la noche

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Examen de conciencia

Hermanos, al terminar el día, hagamos un momento de silencio y examinemos nuestra conciencia, reconociendo ante Dios nuestras faltas y agradeciendo sus dones.

Himno

Antes que la luz se apague
y llegue el descanso, oh Dios,
te pedimos, Creador nuestro,
que nos guardes con tu amor.

Aleja los malos sueños,
las sombras y la inquietud;
que, velando o descansando,
vivamos siempre en tu luz.

A ti, Padre, sea la gloria,
y al Hijo, nuestro Señor,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos. Amén.

Salmodia

Ant. Inclina, Señor, tu oído y escúchame; tú eres bueno y clemente.

Salmo 85 · Súplica confiada

1Oracion del mismo David. Inclina, Señor, tu oído a mis ruegos, y escúchame, porque me hallo afligido y necesitado.

2Guarda mi vida, puesto que soy santo. Salva, ¡oh Dios mío!, a este siervo tuyo que tiene puesta en ti su esperanza.

3Señor, ten misericordia de mí, porque no ceso de clamar a ti todo el día.

4Consuela el alma de tu siervo, pues a ti, ¡oh Señor!, tengo de continuo elevado mi espíritu.

5Siendo tú, Señor, como eres, suave, y benigno, y de gran clemencia para con todos los que te invocan,

6oye propicio, ¡oh Señor!, mi oración, y atiende a la voz de mis ruegos.

7A ti clamaré el día de mi tribulación, pues tú siempre me has oído benignamente.

8Ninguno hay entre los dioses que pueda, ¡oh Señor!, parangonarse contigo; ninguno que pueda imitar tus obras.

9Las naciones todas, cuantas creaste, vendrán, Señor; y postradas ante ti te adorarán, y tributarán gloria a tu Nombre.

10Porque tú eres el grande; tú el hacedor de maravillas; tú solo eres Dios.

11Guíame Señor, por tus sendas, y yo caminaré según tu verdad; alégrese mi corazón de modo que respete tu Nombre.

12Te alabaré, ¡oh Señor Dios mío!, con todo mi corazón y glorificaré eternamente tu Nombre.

13Porque es grande tu misericordia para conmigo, y has sacado mi alma del infierno profundo.

14¡Oh Dios!, han conspirado contra mí los impíos, y una reunión de poderosos ha atentado contra mi vida, sin atender a que tú te hallas presente.

15Pero tú, Señor Dios, compasivo y benéfico, paciente y misericordiosísimo y veraz,

16vuelve hacia mí tu rostro, y tenme lástima; da tu imperio a tu siervo, y pon a salvo al hijo de tu esclava.

17Obra algún prodigio a favor mío, para que los que me aborrecen, vean con confusión suya, cómo tú, ¡oh Señor!, me has socorrido y consolado.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Inclina, Señor, tu oído y escúchame; tú eres bueno y clemente.

Lectura breve 1 Ts 5,9-10

9porque no nos ha puesto Dios para blanco de venganza, sino para hacernos adquirir la salud por nuestro Señor Jesucristo,

10el cual murió por nosotros, a fin de que ora velando, ora durmiendo, vivamos con él.

Responsorio

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

R. Tú, Señor, Dios fiel, nos has redimido.

Cántico evangélico (Nunc dimittis) Lc 2,29-32

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en su paz.

29Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa.

30Porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado,

31al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos,

32sea luz que ilumine a los gentiles y la gloria de tu pueblo de Israel.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en su paz.

Oración

Concédenos, Señor, un descanso reparador, para que, renovadas nuestras fuerzas, te sirvamos con alegría. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa. Amén.

Antífona final a la Virgen

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Salmos y cántico: Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público. Himno, antífonas y preces: composición propia.

Otras horas del día

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Textos cortesía de iBreviary (edición española, © Conferencia Episcopal Española).

Liturgia de las Horas — San Francisco de Asís (provisorio)