I Vísperas
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Cosme y Damián, mártires.
I Vísperas del domingo siguiente
Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.
Himno
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.
¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.
Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa
porque el Señor sostuvo a su elegido.
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.
Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.
Salmodia
Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya. †
Salmo 118 · 118, 105-112
Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros. (Jn 15, 12)
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
† lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.
Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya. †
Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Salmo 15
Dios resucitó a Jesús, rompiendo las ataduras de la muerte. (Hch 2, 24)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
Cántico · Flp 2, 6-11
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
LECTURA BREVE
Col 1, 3-6a
Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. Alabado sea el nombre del Señor.
V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Magnificat
«Si el malvado recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá», dice el Señor.
Cántico de María Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
«Si el malvado recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá», dice el Señor.
Preces
Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:
Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
Padre lleno de amor, te pedimos por el papa N. y por nuestro obispo N.; — protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.
Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo, — para que así tengan también parte en su consuelo.
Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse — y haz que encuentren pronto el hogar que desean.
Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra, — para que a nadie falte el pan de cada día.
Señor, ten piedad de los difuntos — y ábreles la puerta de tu mansión eterna.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.